Nutrición y Emprendimiento Comunitario

Actuamos para cubrir la llamada “Ventana de los 1,000 Días”, un programa del Ministerio de Salud y Asistencia Social que se desarrolla con madres e hijos, desde el inicio del embarazo, hasta los cinco años de edad.

A partir de esa iniciativa, en 2014, comenzamos un programa piloto en San Cristóbal Totonicapán, en donde los índices de desnutrición crónica y de pobreza son altos. Queremos mejorar las condiciones de salud y propiciar opciones que mejoren los ingresos de las familias, por medio de emprendimientos comunitarios.

En la primera fase de 24 meses, que finalizó en 2016, completaron su formación 174 mujeres en edad fértil, embarazadas, en período de lactancia; y 106 niños y niñas de 0 a 5 años de edad, que viven en las comunidades de Paxcacnil, Chuitaqjuyub, Chuicotom y La Independencia, todos éstos, barrios en donde la desnutrición crónica alcanza índices de hasta el 80%.

El resultado fue positivo. Disminuyó ese tipo de desnutrición en un 31% en los niños de 0 a 12 meses de edad y en 6%, entre quienes tienen de 0 a 24 meses de nacidos. También formamos a 24 mujeres y dos hombres para que crearan su propio negocio. Así surgieron, Producciones Utzil y Producciones Utzila, los primeros dos emprendimientos comunitarios.

El programa se basa en tres ejes principales: el primero, mejorar la nutrición mediante prácticas adecuadas de preparación y consumo de alimentos, y eso incluye, en el ámbito familiar, acciones sostenibles de salud preventiva para mejorar la condición de madre, hija, familia y comunidad; además de fortalecer la organización para asegurar procesos de autogestión y sostenibilidad de la Seguridad Alimentaria Nutricional.

El segundo eje les facilita el acceso a alimentos nutritivos porque les acerca los productos a las comunidades, con el apoyo de las unidades de negocio de Molinos Modernos e Industria Pecuaria de CMI. Un atol fortificado cuya base es la harina nixtamalizada, es el principal producto. También creamos el Merk-a-dito Express y promovemos la creación de las tiendas de barrio en las comunidades, en donde se encuentran los productos alimenticios de CMI: pollo, harinas, pastas, corazón de trigo, galletas entre otros.

La auto sostenibilidad económica de las mujeres, por medio de un modelo de negocios incluyentes es el tercer eje. Les permite crear una empresa y generar fuentes de ingresos que mejoran la calidad de vida de las personas y sus familias, en alianza con la  iniciativa de desarrollo Wakami, cuyo trabajo consiste en desarrollar emprendimientos productivos sostenibles, para mujeres de comunidades rurales. Sumamos la empresarialidad con la proyección social de CMI.

La misma casa en donde vivió la familia de don Juan Bautista Gutiérrez, en San Cristóbal Totonicapán es hoy, la sede de este programa que ya se encuentra en su tercera fase. Hasta 2019, ha impactado a más de 800 mujeres en edad fértil, embarazadas y lactantes; y más de 400 niños que tienen menos de cinco años de edad.